Hoy he paseado por un centro comercial conocido de Tarragona, donde hay una tienda de animales. He entrado para ver si se aplica la famosa ley, ya que he tenido varios clientes que me habían traído perros adquiridos en este local, con graves problemas de socialización, y agresividad.
Mi sorpresa ha sido ver una fila de pequeñas jaulas de cristal, cárceles invisibles de los cachorros de diferentes razas que había dentro.
Mi mirada se ha posado en cada uno de ellos, en sus expresiones apagadas, su tristeza, y su estremecedora inactividad.
En esos instantes, unos adolescentes estaban arrodillados golpeando el cristal de una de estas jaulas, sin conseguir un solo movimiento en su interior.
Estos pobres cachorros, se mostraban ante nosotros como entes vacíos, sin alma, sin espíritu, con el alma marchita.
Esta situación me ha trasportado, los he visto en su pasado, su futuro. He visto segundo a segundo, tras su llegada a este infierno de paredes cristalinas, como su alma se desvanecía poco a poco, y su espíritu se apagaba con resignación.
He visto como eran adquiridos por dueños inexpertos, objeto de un capricho, una compra impulsiva, un regalo, y pasaban a ser, poco a poco, la desdicha por su impaciencia, hasta llegar el momento de la decisión final. ¿Me los traerán dentro de varios meses como diabólicas fieras sin control? o pasarán a dar la forma final de lo que ahora son, carne sin vida, sin alma???? 
Veo el sufrimiento de estos pobres ángeles, intentando entender ese mundo que les rodea y desconocen. Incomprendidos y desesperados, su frustración se convierte en rabia descontrolada. Olvidan quienes son, para acabar siendo cuerpos sin vida, almas que vagan entre dos mundos, que no encuentran la paz.
El llanto, el sufrimiento, el dolor son su vida, y se mueren poco a poco, hasta convertirse en cuerpos inertes, cuerpos sin espíritu.
Los todo-poderosos humanos, arrancamos el alma a cientos, miles de animales en todo el mundo, y nos sentimos generosos, por darles la oportunidad de lucir sus cuerpos en nuestras bellas jaulas de cristal.
Su alma se marchita, se oscurece su mirada frente a nosotros.
Un suspiro, una lágrima.
Mientras esto ocurre, la dependienta se gira, observa, y vuelve a sus tareas. Su mirada es propia de la situación, fría, indiferente, muerta.
Pobres ángeles en jaulas de cristal.
Marcos Javier
Dir. TAKODA
www.takoda.es